CEREMONIA TV

UNA MIRADA INDEPENDIENTE Y CRÍTICA A LA TELEVISIÓN QUE SE HACE EN ESPAÑA

lunes, febrero 28, 2005

LA BATALLA DEL MIÉRCOLES (NOCHE)

Ha habido batallas cruentas en la historia de la televisión en España. Ahora mismo se están viviendo dos muy interesantes entre otras muchas. La primera es entre Crónicas marcianas y Buenafuente. Dejando esta interesante pugna a un lado me voy a centrar en la otra que estos días copa las páginas de los medios especializados: la que lidian los miércoles por la noche Aquí no hay quien viva (Antena 3) y Los Serrano (Telecinco).

Los Serrano es más antigua que la otra serie y en principio partía con cierta ventaja ya que era le reina de la ficción nacional. Pero ha cedido ese cetro a Aquí no hay quien viva tanto por méritos de la serie de Antena 3 como por deméritos propios. El principal valor de Los Serrano es que atraía por igual a todas las franjas de edad, con una trama paralela para los niños, los jóvenes y los adultos. Pero hete aquí que coincidiendo con la baja de Fran Perea, la trama adolescente flaqueo y muchos expertos han señalado que los jóvenes son los que controlan el mando a distancia en la mayoría de los hogares.

También es cierto que los argumentos de la serie, que nunca destacaron, son cada vez menos brillantes y que la serie mantiene gran parte de su audiencia gracias al triángulo cómico que forman Bonilla, Resines y Molero. Éste último es uno de los mayores logros de la serie, a la que ha dado momentos de hilaridad muy alta. Por cierto, ha conseguido desencasillarse de su anterior papel en televisión (el Poli de Médico de familia) encasillándose de nuevo (el Fiti de
Los Serrano).

Cuando se empezó a emitir nadie daba un duro por Aquí no hay quien viva. Parecía la típica comedia de Antena 3 (como la de Emilio Aragón o aquella protagonizada por un español en Londres) que duraría poco o que se mantendría con más pena que gloria. Pero la labor de los actores (salvo la de Daniel Guzmán) y un guión correcto han aportado un chorro de aire fresco a la macilenta ficción española. Esta última temporada han superado algunos cambios (el despido de Loles León) y el enfrentamiento con Los Serrano para alzarse con el título de campeón de los pesos pesados, esto es del Prime time semanal.

Mención aparte merece el fútbol que, como la semana pasada con el Barça-Chelsea, coloca líder momentáneo a Tve-1, que no ha podido competir con las otras cadenas ni con Urgencias ni con La azotea de Wyoming.

domingo, febrero 06, 2005

SEGUNDAS PARTES...

nunca fueron buenas. Ese refrán se emplea a menudo al comentar una película o un libro que es continuación de un éxito anterior. Con la televisión casi nunca se puede emplear porque la exigencia del medio hace que cuando un programa funciona no se sale de antena, y si fracasa cuando desaparece es para siempre. Con Caiga quien caiga sucedió algo un tanto extraño: era un programa muy apreciado tanto por los críticos como por el público, con una audiencia aceptable y muy fiel, y con un gasto no demasiado elevado. Pero un día determinado Telecinco decidió eliminarlo de su parrilla. Se adujeron muchos motivos: motivos de audiencia, cansancio, incompatibilidad con el ideario político de los dueños de la cadena, etc.

Ahora, ante la sorpresa de muchos, Caiga quien caiga vuelve a Telecinco. Y vuelve renovado, aunque repitiendo los mismos esquemas de la primera edición: humor ácido, incomodo para ciertas clases políticas y rapidez en la presentación. Las principales novedades residen en los presentadores y en los reporteros. Sólo se mantiene el simpar Arturo Valls. El lugar del Gran Wyoming lo ocupa Manel Fuentes, un conductor muy diferente a aquél, pero con la suficiente experiencia para ocupar dicho cargo. También se han introducido algunas secciones nuevas, como la columna de Deborah Ombres, un travesti que conducía un programa en la MTV, y que hasta el momento ha rayado a gran altura.

Los reportajes también siguen las pautas del antiguo Caiga quien caiga: acudir a eventos donde se concentren políticos, actores o músicos para ponerles en apuro con preguntas mordaces. Lo peor en estos dos programas han sido los efectos visuales y de sonido que introducen con desesperante frecuencia en las entrevistas de los reporteros. Lo mejor es que mantienen, si no superan, la inteligencia y osadía de las preguntas. En cuanto al escenario, se echa en falta la presencia de una banda en directo, y el público parece demasiado efervescente, sobre todo en el primer programa donde una señora no paraba de gritar tras cada broma.

"Segundas partes nunca fueron buenas" dice el acervo paremiológico hispano, pero parece que Caiga quien caiga versión dos va a lograr mantener el nivel de la primera. Ahora sólo falta saber si el público se mantendrá fiel y si la cadena aguantará los vaivenes de la audiencia.